LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER DEJA SECUELAS FÍSICAS SEVERAS.
Era de noche y el cuerpo de Lourdes estaba tendido sobre el piso de su dormitorio. Los vecinos pensaron que estaba muerta. No se movía. Pero los paramédicos advirtieron que estaba inconsciente y la llevaron a un hospital de Guayaquil. Luego de tres días de hospitalización contó que fue agredida por su esposo. Dijo que la empujó contra el filo de la cama, que la golpeó en la cara, estómago y espalda; y que la pateó hasta dejarla sin sentido. Han pasado dos años y no se recupera. Los médicos detectaron que producto de los golpes, se produjo una lesión severa en su espalda. Desde entonces, la mujer, de 53 años, no puede agacharse ni cargar baldes con agua, peor lavar o planchar ropa, pues eso le ocasiona dolores intensos. El caso de Lourdes es conocido en la Fundación María Guare, un organismo de Guayaquil que atiende a quienes son agredidas por sus parejas. Cada año, a ese lugar llegan unas 8 000 víctimas de violencia. En ese grupo están mujeres que se salvaron de morir tras los golpes, pero quedaron con secuelas físicas, que en muchos casos son irreversibles.
















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