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Vive encerrado y desnudo en quiosco.

5 ago 2017
2 min de lectura

Vicentito iba a cumplir dos años de nacido cuando una enfermedad lo dejó sin poder moverse y tendido en una cama. En Manabí.

Al pequeño le dectaron meningitis y las secuelas fueron para toda la vida: discapacidad mental y crisis de epilepsia repetidamente.

Por eso la familia mantiene a Vicente encerrado en un pequeño quiosco.

Eulogio García, padre de Vicente, confiesa que ya ha perdido la esperanza de que su hijo, que actualmente tiene 35 años, se recupere.

“Lo hemos llevado al Lorenzo Ponce, en Guayaquil; hospital Baca Ortiz, en Quito; y al ex INFA, en Portoviejo; pero no hay resultados positivos”, dice resignado.

Eulogio es un angustiado agricultor que solo atina a pedir ayuda para que su hijo se recupere de esta enfermedad mental.

La familia vive en la parroquia Sixto Durán-Ballén de 24 de Mayo.

Vicente es el mayor de cinco hermanos.

García recuerda que cuando a su hijo lo afectó esa enfermedad primero quedó inmóvil, luego fue recuperando los movimientos de su cuerpo, pero con el tiempo detectaron que tenía problemas mentales.

Uno de sus hermanos menores recuerda que los doctores en esa época no le daban mayores posibilidades de vida y decían que llegaría máximo a los 15 años.

Vicente tiene una discapacidad del 85 % y recibe el bono de 50 dólares.

El dinero no les alcanza para ayudar Vicente y creen por el porcentaje de discapacidad que debería recibir el bono de 240 dólares.

El trámite para que lo ayuden con ese bono lo han hecho varias veces, pero nadie se interesa en el caso de Vicente.

García indica que cuando su hijo estaba pequeño lo sacaba a la calle a pasear, pero con el pasar de los años al ser ya un adulto tuvieron que encerrarlo en un quiosco, ya que temen que pueda hacerle daño a alguien.

“Él no es violento ,sino que por su enfermedad no hay que descuidarse”, aclara.

Se perdió. Estando en el lugar que le han construido está seguro y no va a deambular, destacan.

En una ocasión se escapó de la casa, recuerdan.

Por suerte personas que lo conocían dieron aviso a la familia y lograron encontrarlo.

A Vicente le gusta estar desnudo, advierten los vecinos. Cuando la familia lo viste, él se saca la ropa y la bota por la ventana. No puede permanecer vestido, recalcan sus parientes.

Vicente enfrenta los ataques epilépticos y convulsiones con varias medicinas (psicotrópicos), que le recetaron hace algún tiempo los médicos.

La familia informó que hay épocas que Vicente se comporta violento y se golpea la cabeza en la pared, o se muerde los brazos.

Por las noches los familiares lo llevan a la casa, lo asean y le dan de comer.

En el día le dan los alimentos por una ventana con rejas.

Él trata de comunicarse con gestos, a veces la gente le regala algún alimento o bebida, dice don Eulogio.

Algo desmotivado, su padre afirma que ya ha perdido casi toda la esperanza de que se cure, pero pide a las autoridades que lo ayuden a buscar una mejoría o alternativa para que su hijo logre recuperarse.

Los familiares esperan que Vicente sea atendido por un especialista o que lo internen para que haga un tratamiento completo.

Ciudadanos tienen mucho tiempo esperando ayuda de las autoridades.


 
 
 

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