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Ana intentó matarse más de 20 veces.

8 ago 2017
2 min de lectura

Salí del infierno.

Ana entregaba su cuerpo a cambio de dinero. Confiesa que lo recaudado lo usaba para consumir drogas.

A los 15 años de edad empezó a formar parte de la pandilla Latin Kings, en vez de ir al colegio iba a fumar y consumir con su grupo de “amigos”. Se volvió una cocainómana.

Se arrancaba el cabello de la desesperación, se arañaba la cara, en los momentos de rabia golpeaba brutalmente a su mamá. En más de 20 ocasiones intentó suicidarse.

Para estar tranquila necesitaba consumir cocaína cada dos horas. Recuerda que la primera vez que quiso matarse fue con un cuchillo, por largo rato lo tuvo cerca de su estómago y no pudo hacerlo.

En otra ocasión usó un cable de teléfono para colgarse y quizás la impaciencia por lograrlo la hizo fallar. El deseo de matarse era tan grande que hasta se lanzó a una quebrada por la que le tocaba caminar, resultando con golpes. Llegó a tomar pastillas caducadas y a exagerar con la dosis de droga, por lo que fue a parar varias veces a los hospitales.

Una voz le decía ¡mátate! ¡mátate! “tu vida ya no tiene sentido, ya no sirves para nada, nadie te quiere”.

Ella le hacía caso a esa voz, pero parece que una fuerza superior la salvaba cada vez que lo intentaba, señaló.

En casa, Ana se encerraba. Nadie notaba su ansiedad, pues hasta quemaba papeles para encubría el olor a droga. Salía de su vivienda a las 11h00, se iba directo al parque “psicópata”, como ella lo bautizó. Allí había más consumidores, todos hombres.

Cada día necesitaba más dinero para ingerir sustancias. Tenía 15 años, su piel de niña, sus ojos café claro y su atractivo cuerpo enganchaban a los más viejos. La primera vez que se prostituyó le pagaron 20 dólares y se le hizo costumbre. Llegó a cobrar hasta cinco dólares y a participar de orgías.

De tan drogada que estaba fue violada en infinidad de veces.

Ana estaba en el infierno. Por el exceso de cocaína que consumía le daban largas crisis de insomnio que le impedían dormir hasta por dos semanas. No le daba apetito y llegó a pesar 49 kilos.

La psicóloga clínica Gabriela Muñoz señaló que esos son los principales síntomas de los adictos a la cocaína. La sustancia inhibe las ganas de comer y el sueño.

Ana, hija única, tiene actualmente 19 años de edad, y desde hace cuatro meses está en proceso de recuperación.

Ese es justo el tiempo que ha transcurrido desde que sus padres se enteraron de que ella era consumidora.

Ellos aún desconocen que su hija estuvo cuatro años en este mundo y también los otros hechos que ha vivido. Cuando los progenitores le ofrecieron ayuda a Ana le recomendaron un psicólogo, pero fue sincera: “padres, eso ya no es suficiente para mí”, y fue entonces cuando decidieron llevarla a una clínica de rehabilitación.

Buscando la luz. Ana está muy motivada, con ganas de dejar para siempre las drogas.

Desea seguir estudiando, tener una familia. Se aferra a Dios. El sufrimiento de sus padres la motiva a soportar los dolores y las crisis. Ella realmente espera lograrlo.


 
 
 

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