Alternativas para cuando la plata no alcanza.

Cuando la economía familiar se debilita y las necesidades de comprar ropa y la de adquirir enseres de hogar apremian, la alternativa es buscar lugares donde ofrecen artículos que dejaron de ser útiles a sus dueños y son vendidos a bajos precios.
Para satisfacer esas necesidades, personas emprendedoras vieron en la venta de cosas usadas una actividad que les permite tener su negocio propio y de paso dar una alternativa a las familias que no tienen suficiente dinero para adquirir cosas de paquete.
Una de esas ferias, que popularmente se las llama ‘mercado de pulgas’, se desarrolla los miércoles, sábados y domingos en un parqueadero de vehículos ubicado en la Avenida de las Américas, frente al Centro Comercial El Arenal, en la Feria Libre.
Vivencias Son 250 comerciantes agrupados en la organización ‘Mega Fashion de lo Nuevo y Usado’.
Es una mañana de miércoles. Decenas de jóvenes, señoritas, madres con sus hijos y obreros recorren los puestos buscando zapatos, pantalones, camisas, chompas y otras prendas que necesitan para sus actividades cotidianas.
Entre tanta gente está Rebeca Cali, ella busca un par de zapatos de cuero para que su hijo vaya a la escuela; la vendedora le muestra varios pares de diferentes modelos, el niño elige unos mocasines, dice que con esos no tendrá que hacer el trabajo de amarrar los cordones.
El niño se pone feliz y se apega a la madre quien regatea el precio, la vendedora decide dejarle en cuatro dólares; con el dólar que logró obtener de la rebaja le compra una camiseta blanca, y se van.
Así como ellos, en los otros puestos los potenciales compradores eligen lo que necesitan, piden rebajas y si no se ajusta a sus presupuestos optan por retirase; al ver que se van, los comerciantes les llaman, y con un “lleve, lleve para que sea mi clientito” concretan la venta, así se quedan vendedor y comprador satisfechos.
Antigüedades:
Al mercadillo también acuden aquellos que les gustan los objetos antiguos y coleccionistas, como Mariana Carrión, quien cuenta que su afición es coleccionar vajillas de cerámica y cristalería; asegura que allí encuentra finas porcelanas chinas y elegantes objetos de vidrio.
Comenta que hay familias pudientes que cuando se rompe el asa de una tasa o se desastilla un plato, se deshacen de toda la vajilla, lo cual significa una joya para los coleccionistas.
También se puede encontrar antiguas radios de pilas, equipos de música, VHS, televisores a blanco y negro, casetes, bicicletas, cocinas, ollas, peluches, botellas de diferentes colores y modelos, camas, colchones, entre otros objetos, que para unos ya no sirven pero para otros son útiles y necesarios.
Procedencia
Los comerciantes sostienen que no se les debe confundir con los ‘cachineros’ porque su trabajo no está vinculado con la venta objetos de dudosa procedencia.
Rosa Saavedra indicó que recorre pueblos y cantones de Azuay y Cañar, buscando cosas usadas.
Contó que su modalidad es el trueque; para ello lleva tinas, jarras, lavacaras, entre otros objetos de plástico, para cambiar con cobijas, almohadas, ropa, mesas sillas y lo que las familias creen que ya no les sirve.
Otros comerciantes dijeron que adquieren la mercadería en las ventas de garaje que acostumbran hacer algunas familias para deshacerse de lo que les sobra, en otros casos compran a los recicladores que encuentran en la basura objetos que todavía están en buen estado.
Lorena Orellana, dirigente de la organización, manifestó que este tipo de negocio empezó a tomar fuerza desde hace unos cinco años, a raíz de la crisis económica que afectó al país.
Asegura que en un día de feria tienen entre 4.500 y 5.000 visitantes, de los cuales más del 90 por ciento lleva lo que necesita, por lo tanto, considera que esta actividad es una de las mejores alternativas para la gente, que por cosas de la vida no puede comprar cosas nuevas.















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