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Jóvenes reviven drama y señalan a sacerdote por abusos en Guayaquil

11 may 2018
2 min de lectura

Sus edades fluctúan entre los 25 y 29 años. Eran adolescentes cuando el sacerdote Fernando I., quien hasta el 2013 dirigió la parroquia eclesiástica de la ciudadela Acuarela del Río, en el norte de Guayaquil, supuestamente abusó de ellos.

Son cerca de doce, todos hombres, y habrían sido sometidos a una práctica que el sacerdote Fernando I. llamaba ‘la dinámica del pecado’, en la que según los denunciantes eran desnudados, atados, vendados y torturados para que supuestamente sientan lo que hace el pecado en sus vidas. Tres de ellos cuentan a EL UNIVERSO pasajes vividos hace alrededor de 12 años. Sus relatos son coincidentes.

“Para otros se llamaba la dinámica del sacrificio, cuánto estabas dispuesto a aguantar por Jesús”, relata Juan José Bayas, quien asegura que el sacerdote los estudió y manipuló durante meses antes de proponerles a las víctimas esa práctica en momentos de crisis emocional.

Bayas, hoy de 27 años, comenta que la dinámica se desarrollaba de manera individual y que el sacerdote les decía que aquello era un secreto entre ambos y Jesús. “Que la mano derecha no se entere de lo hace la izquierda, siempre me decía, y yo callaba porque se suponía que era especial”, menciona y descarta haber sido agredido sexualmente, pero afirma que fue víctima de esta práctica unas 20 veces desde que tenía 15 años.

Bayas prosigue y dice que primero solo debían quitarse la camiseta, pero que luego le ordenaban desnudarse por completo. Menciona que eran atados de manos y pies, que el sacerdote Fernando I. los guindaba con una cuerda en la mitad de la habitación y que empezaba a hincarles el pecho con los dedos.

Diego Guzmán dice que tenía 14 años cuando el sacerdote Fernando I. intentó someterlo. Cuenta que estaban solos en la casa parroquial y que se sentía mal, que fue entonces cuando su supuesto guía espiritual lo llevó a su habitación y le dijo que se quedara en ropa interior.

“Pensé ‘no puede ser que sea homosexual’, pero luego recordé que habíamos ido a la piscina muchas veces y que me había cambiado frente a él, y así que lo hice; me ató, pero me asusté en media dinámica y me puse histérico empecé a gritar ‘yo no soy m..., suéltame’ y el tipo se asustó”, rememora Guzmán, quien asegura haberlo enfrentado cuatro años después de la presunta agresión, al enterarse que seguía aplicando “la dinámica” con otros adolescentes.


 
 
 

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