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Quito se volvió un ‘pesebre’ para miles de migrantes

25 dic 2018
2 min de lectura

Quito se despierta. Amanece el ajetreo de una ciudad con muchas banderas que ondean implícitas en la mente y los corazones de los caminantes. La gente va y viene, apresurada en sus vidas sin tiempo, devorando el día que pareciera presentarse sin ningún revés. Sin embargo, una melodía susurra el ambiente y suenan cascabeles y campanas; las vitrinas de los comercios se exhiben pretenciosas recordándoles a los viajeros de aquí y de allá, que es una época diferente; luces, adornos, obsequios en la lista de compras, cenas e intercambios. Llegó Navidad. Aseguran los creyentes que una humilde pareja caminó por días para cumplir con el caprichoso edicto de su gobernante, que los empujó a salir de su tierra bajo severas condiciones. El desenlace lo conocemos todos, en un sencillo escenario lleno de animales y musgo. Las fiestas decembrinas tienen un origen un poco incierto; pero la historia con la que se instituyó la fe cristiana conlleva analogías que se enlazan con la de millones de migrantes que llegan a Ecuador, por razones principalmente políticas, económicas y sociales. Así, como el relato de la Natividad, muchas familias salen de sus tierras y encuentran en el extranjero un lugar de acogida para formar un nuevo hogar. Según datos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Ecuador es uno de los principales países receptores de flujos migratorios en América del sur, es por eso que al interior de cada familia, una tradición diferente pulula en cada celebración, donde confluye un sincretismo que da origen a nuevas costumbres. Quito se ha convertido entonces en una capital internacional, migrantes de lugares tan diferentes como Alemania y Cuba decidieron que esta tierra de gracia sería su patria adoptiva. Sin embargo, en la mitad del mundo hay tres culturas que crepitan bajo la sombra maternal de sus volcanes, que arropan este valle de muchos colores. Cuba, Colombia y Venezuela están aquí, representadas por una comunidad numerosa de migrantes, quienes en su gran mayoría llegaron a este rincón del mundo para ensalzarlo. Una gran celebración se percibe en el ambiente, la Navidad impregna no solo los lugares de Quito, sino los pensamientos de sus habitantes, los de aquí y los de allá, que con miradas llenas de nostalgia proyectan añoranzas que cruzan fronteras. Villancicos con múltiples acentos se escuchan en las escuelas, la Navidad en Quito se celebra no solo cantando `Ya viene el Niñito`, sino a ritmo de gaitas venezolanas, aguinaldos cubanos o parrandas colombianas.


 
 
 

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