top of page
banner18.png

Sin clínicas públicas para mujeres adictas

11 feb 2019
2 min de lectura

“Las mujeres que consumimos y nos convertimos en adictas a la droga somos más de las que se imaginan... ”, dice ‘Magdalena’ en un murmullo que se pierde en el amplio patio de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) del Instituto de Neurociencias de Guayaquil.

Junto a ella, a quien le falta un mes para terminar su rehabilitación, camina Jimmy Ortiz, psiquiatra de esta clínica privada de la Junta de Beneficencia, la única autorizada para tratar a mujeres drogodependientesen la ciudad.

Tiene 20 cupos y no hay más en Guayaquil, al menos, legalizadas. De hecho, el Ministerio de Salud Pública (MSP) solo tiene tres Centros Especializados para el Tratamiento de Alcohol y otras Drogas (Cetad) en la urbe, pero masculinos. Femeninos no hay.

“La mujer se ha invisibilizado como consumidora”, apunta Ortiz, mientras recorre junto a EXTRA las instalaciones del UCA, donde se accede a través de convenios con seguros, con el MSP o por contratación privada, pero con un costo mensual que supera los 1.200 dólares.

Y aunque explica que, cuando se habla de adicción a las drogas inmediatamente se piensa en masculino, cada vez son más las chicas, y de menor rango de edades, las que adquieren la dependencia en la ciudad.

En 2018, de los 2.900 pacientes que recibieron atención ambulatoria por consumo de drogas en el servicio de salud pública, 661 fueron mujeres. “Pero seguramente son más, porque hay un estigma, una vergüenza. La familia esconde la situación. Es el contexto sociocultural. En las mujeres se disocia el consumo, en los hombres, se lo asocia”, reflexiona el especialista.

Es justo este uno de los factores que deja a las consumidoras en una situación más vulnerable. Porque al esconder el hecho, es más difícil solucionarlo, insiste.

Pero esa es solo la base de una pirámide de afecciones que se levanta sobre la adicción a las drogas en las chicas. De cada 10 pacientes que ingresa a UCA, 11 se han prostituido para conseguir drogas, exagera Ortiz para describir la magnitud del problema. Eso, sin contar las que han sido violadas por otros consumidores.

El recorrido de Magdalena y el psiquiatra termina en un salón de terapias donde las siete pacientes que se rehabilitan actualmente en el UCA escuchan a la terapeuta Dayani Bolaños.

Ella les pregunta cuántas consumieron drogas antes de los 15 años y cinco levantan la mano. Una manifiesta que es muy fácil comprar un paquete de ‘H’ en los colegios. De hecho, según las estadísticas de mayor incidencia de consumo del MSP, el índice más alto es para los opiáceos, que agrupa a esta sustancia.

Dayani escucha a cada una contar sus historias y revive la suya. Ella fue consumidora durante nueve años y reconoce que le costó tomar la decisión de cambiar su vida.

El psiquiatra acota que, efectivamente, ellas son más propensas a las recaídas, pero que cuando una consumidora resuelve entrar al tratamiento, tiene más convicción que en el caso de los hombres, que desisten a mitad de camino.


 
 
 

Comentarios


LOGO-JOVENES-COM-original_edited.png

| Noticias y Entretenimiento |

0997534071 - Publicidad

bottom of page