Cómo enseñar a los niños a ser organizados y crear un hábito de por vida

Un cuarto de niños bien ordenado no suele durar más de cinco minutos así en la mayoría de las familias. Parece increíble todo lo que pueden acumular y repartir por el suelo los niños en unos pocos minutos.
Pero ¿cómo dominar el caos? ¿Es necesario que los padres anden de rodillas por el piso del cuarto de niños tratando de volver a ordenarlo todo?
Lo ideal sería que los chicos reconociesen por sí mismos cuándo es hora de ordenar y que lo hagan, pero eso no se corresponde demasiado con la realidad. Esto significa que los que dan la orden y deben tomar la iniciativa suelen ser los padres.
Una buena forma de incentivar a los chicos a ordenar es asociar la orden a un objetivo, como por ejemplo: “¡Vamos, ordenemos para que tengas lugar para hacer tus manualidades!”.
Fotografíen las manualidades. Cuando se tienen niños que hacen muchas manualidades, se puede decidir junto con ellos qué cosas se guardarán y cuáles pueden descartarse. A veces ayuda sacarles fotos a sus creaciones más importantes y hacer luego un álbum con las imágenes.
Todo lo que no sean recortes de papel, grandes dibujos o pegatinas se puede colocar en una caja que se guarda bajo la mesa. Si pasa un tiempo sin que nadie le preste atención a la caja, el acuerdo debe ser que irá a parar al cubo de basura.
Ordenen los juguetes en cajas separadas. Ordenar se vuelve más fácil cuando hay un lugar para cada cosa, como por ejemplo, una caja grande para los bloquecitos para construir cosas, una caja para cosas chicas, un estante para los libros. Pegar imágenes o fotos en la parte delantera de las cajas ayuda también a identificar qué hay en cada una de ellas.
Por otra parte, los padres deben mostrarles a los hijos cómo se ordena cada una de las cosas. Es necesario que los padres funcionen como modelo e incentiven la limpieza y el orden desde los primeros años de los chicos.
Los niños suelen agarrar trapos y escobas por iniciativa propia cuando tienen dos o tres años. Aun cuando su limpieza no aporte demasiado en ese momento, hay que dejarlos “jugar a limpiar”, ya que allí está el germen para que luego mantengan sus espacios limpios y ordenados.
Una habilidad adquirida en la primera infancia se convertirá en un hábito.
Fije objetivos concretos con los niños en edad escolar
Cuanto más grandes se vuelven los niños, más fácil es para los padres llegar a acuerdos concretos con ellos: ¿qué debe ser ordenado, hasta cuándo y cómo? En esto también deben ayudar los padres. Por eso, siempre es bueno estar presentes.
¿Y si, a pesar de todo, la cosa sigue sin funcionar? Entonces es válido que haya consecuencias, pero que deberían ser advertidas previamente. Por ejemplo: “Si no ordenas antes tu pieza, no podrás ir a visitar a tu amiguito”.
Independencia en las tareas escolares
Talvez usted piensa que ya es momento de que los niños adquieran más autonomía con sus responsabilidades de la escuela.
Según la Academia Americana de Pediatría, una cantidad reducida de niños parece organizarse bien de forma natural, pero en el resto la organización es una habilidad que se aprende con el paso del tiempo. Con ayuda y algo de práctica, los niños pueden desarrollar un enfoque eficaz para hacer bien sus tareas. Y usted es quien mejor se lo puede enseñar, ¡incluso aunque no se considere de lo más organizado!
Los niños se sienten más motivados a realizar trabajos manuales cuando saben dónde están los materiales y sienten que tienen control sobre el proyecto. Foto: Shutterstock
Haciendo las tareas, tan fácil como 1-2-3
Para un niño, todas las tareas se pueden descomponer en un proceso 1-2-3.
Organizarse significa que el niño se dirija al lugar donde necesite estar y que reúna todo el material y accesorios que necesite para realizar la tarea.
Mantener la concentración significa focalizarse en la tarea y aprender a decir “no” a posibles distracciones.
Completar la tarea significa llegar hasta el final, repasar el trabajo y darle los últimos toques, recordando, por ejemplo, introducir los deberes en la carpeta adecuada y meter la carpeta en la mochila a fin de que esté preparada para el día siguiente.
Una vez que un niño conoce estos pasos y sabe cómo aplicarlos, puede empezar a abordar las tareas con mayor independencia. Esto significa que hará los deberes, las labores domésticas y otras tareas con una consistencia y eficacia cada vez mayor. Por descontado, seguirá necesitando la ayuda y la guía de sus padres, pero lo más probable es que usted no necesite corregirlo tanto.
Enseñar estas habilidades a su hijo no solo es algo práctico, sino que el hecho de saber el modo de llevar a cabo las propias tareas le ayudará a sentirse más competente, eficaz y capaz. Los niños sienten orgullo y seguridad en sí mismos cuando son capaces de llevar a cabo sus propias tareas y de asumir sus responsabilidades. Y seguro que se sienten satisfechos cuando constatan que disponen de más tiempo libre para hacer lo que más les gusta.
Prepare a sus hijos para un futuro de autonomía y responsabilidad personal
Que un niño sea capaz de dividir una tarea en sus múltiples pasos es algo que requiere tiempo. Y también requiere tiempo que un niño aprenda a aplicar estas habilidades a las tareas que necesita realizar. A veces, a los padres puede parecerles más fácil hacer ellos mismos los trabajos escolares de su hijo. Y es evidente que eso llevará menos tiempo. Pero el problema radica en que los niños no aprenden a ser independientes ni a rendir por sí solos si sus padres se presentan e intervienen en todas las situaciones difíciles o que les plantean retos.
No prohíba a los niños los lugares interesantes para ellos, como la cocina. Enséñeles qué es seguro y en qué pueden ayudar.
He aquí el motivo de que el método que le proponemos compense con creces su tiempo y su esfuerzo:
Los niños aprenden las habilidades que necesitan: a servirse un tazón de leche con cereales, a atarse los cordones de los zapatos, a elegir piezas de ropa que combinan, a hacer y finalizar los deberes.
Estas habilidades les ayudan a desarrollar una sensación de independencia. Un niño de 4 años que se viste solo se sentirá “mayor”. Se trata de una sensación agradable que se afianzará con el paso del tiempo, conforme aprenda a hacer cada vez más cosas sin ayuda. Es a partir de este tipo de experiencias que los niños se empiezan a formar el concepto de sí mismos. Es decir, la creencia de que “soy capaz”, de que “lo puedo hacer”.
Sus expectativas, dichas con firmeza pero también con amabilidad, de que su hijo debería empezar a realizar determinadas tareas por sí solo le trasmiten un importante mensaje. Usted refuerza su independencia y lo anima a aceptar cierto nivel de responsabilidad. Los niños aprenden que los demás les fijan expectativas y que ellos las pueden cumplir.
Este tipo de enseñanza puede constituir un inmenso gesto de amor. Usted está dedicando su tiempo a mostrarle a su hijo cómo hacer cosas por sí mismo, con interés, paciencia, amor, amabilidad y empeño. Esto hará que su hijo se sienta querido y cuidado. Piense en ello como si estuviera llenando la caja de herramientas de su hijo con unos utensilios decisivos y fundamentales para la vida.















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