Depresión endógena: síntomas, causas y tratamiento

La salud mental es fundamental para “nuestra capacidad colectiva e individual de pensar, manifestar sentimientos, interactuar con los demás, trabajar y disfrutar de la vida”, dice la Organización Mundial de la Salud.
La depresión tiene varias tipologías. Una de ellas es la endógena, la que consiste en la manifestación de síntomas depresivos debido a factores genéticos y biológicos. Según la Asociación Americana de Psicología, la depresión endógena es aquella que se produce en ausencia de un estresor psicológico evidente. Por ende, es la constitución biológica y genética la causa principal de este padecimiento.
Se compara con la depresión exógena o reactiva, cuyo estado depresivo es causado por un acontecimiento o situación angustiosa. En estos casos, los estresores de la vida cotidiana son los detonantes.
Síntomas de la depresión endógena
Según la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5), los síntomas de la depresión se presentan durante la mayor parte del día y consisten en los siguientes:
Estado de ánimo deprimido.
Reducción significativa del interés o placer por la mayoría de las actividades cotidianas.
Pérdida o aumento de peso corporal. Asimismo, disminución o aumento del apetito.
Insomnio o hipersomnia.
Fatiga o falta de energía.
Sentimientos de inutilidad o culpabilidad desproporcionados.
Dificultad para pensar, concentrarse o tomar decisiones.
Pensamientos en torno a la muerte: miedo a morir o ideas suicidas recurrentes.
Se ha comprobado que los familiares de primer grado (padres, hijos o hermanos) de los pacientes depresivos corren un mayor riesgo de padecer depresión, independientemente de los efectos del ambiente o la educación.
La serotonina influye en la disposición del estado de ánimo, la conducta, el movimiento, la experiencia del dolor, la actividad sexual, el apetito, las secreciones endocrinas, las funciones cardíacas y los ritmos circadianos. Por su parte, la norepinefrina se ha asociado con la motivación, el estado de alerta y vigilia, el nivel de conciencia, así como también la regulación del sueño, del apetito y de la conducta sexual. Por último, los niveles bajos en dopamina se han asociado con anhedonia (ausencia de placer), menos motivación y pérdida de interés.
Tratamiento de la depresión endógena Hay tres tipos de psicoterapia a corto plazo: la cognitiva, la interpersonal y la conductual. Por su parte, desde hace tiempo se emplea la psicoterapia psicoanalítica para tratar los trastornos depresivos: Cognitiva: Se centra en aliviar las manifestaciones depresivas y prevenir su recurrencia proporcionando herramientas a los pacientes para identificar y analizar las cogniciones negativas. Asimismo, ayuda a desarrollar otras formas de pensamiento más flexibles y positivas, tanto como ensayar nuevas respuestas.
Interpersonal: Su objetivo es tratar uno o dos de los problemas interpersonales del sujeto. Para ello se abordan determinados comportamientos: falta de seguridad en sí mismo, deterioro de las habilidades sociales y pensamiento distorsionado.
Conductual: Ayuda a los pacientes a establecer patrones conductuales adaptativos que permitan ofrecer una retroalimentación positiva con el ambiente.
Psicoanalítica: Su objetivo es lograr un cambio en la personalidad del paciente y no limitarse a solo aliviar los síntomas. Este abordaje psicoterapéutico busca, entre otras cosas, mejorar la confianza interpersonal, desarrollar mecanismos de afrontamiento eficaces y aumentar la capacidad de experimentar una variedad de emociones. Tratamiento farmacológico
El tratamiento con fármacos es mediante antidepresivos, cuyo objetivo no solo es aliviar los síntomas, sino lograr su remisión. (I)















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