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La identidad de los porteños está plasmada en su jerga, creada por la mezcla con diferentes culturas

11 oct 2020
3 min de lectura

¡Pasteléate, varón! ¡Ven que te destaco, ponte pilas que se acaba!, vociferaba un vendedor de alimentos preparados en la 29 y Oriente, en el suburbio, cerca de las 11:00 del pasado lunes.


Juan Mite, quien arreglaba un carro en la zona, compró dos pasteles. Enseguida entregó un billete de 10 dólares al vendedor. “Aguántame un chance, ñaño, porque ando sin suelto para sota”, le respondió y corrió hacia una tienda cercana para cambiarlo por monedas y entregar el vuelto.


Todos los pueblos tienen características especiales que los hacen únicos. El idioma, el acento y las jergas simbolizan a distintas zonas. Guayaquil no es la excepción, y las palabras del vendedor en los primeros párrafos muestran términos con los que se comunican los porteños en las calles.


Para el escritor Édgar Allan García, quien ha publicado libros sobre el origen de las jergas que se emplean en el país, explicó que estas palabras han sido adoptadas por los guayaquileños y quienes viven en la urbe porteña por el intercambio cultural con personas que arriban desde otras latitudes.


Y se refirió, por ejemplo, a los indígenas que a inicios del siglo pasado llegaron a Guayaquil para trabajar en haciendas cacaoteras y campos. “Ellos traían su propio contexto, sus propios códigos culturales, lingüísticos y lo trasmitieron a las personas con las que se encontraban”, expresó.


De ahí se adoptaron palabras como ‘huasipichai’, que significa inauguración; ‘ñaño’, que es hermano, o ‘guacho’, que es huérfano, términos que son derivados del kichwa.


Pero al hablar de otras latitudes, García se centra en Argentina y Estados Unidos.

“La mayor contribución de estos términos coloquiales fue por los argentinos que llegaron a Guayaquil a inicios del siglo XX”, manifestó el escritor.


Varios términos han sido adoptados del lunfardo argentino y de la costumbre de ‘hablar al revés’. “Tenemos ‘cana’, que es cárcel; ‘dorima’ es marido o ’jermu’, mujer”, dijo.


También al referirse al sistema monetario se utiliza ‘gamba’ (100) o ‘luca’ (1.000).


Otra influencia de este país sudamericano es la pronunciación de la ‘sh’ en algunas palabras. “En los sectores menos favorecidos escuchamos a la gente transformar la ‘s’ en ‘sh’, y por ejemplo, en vez de decir ‘simón’, dicen ‘shimón’ o ‘ya shabe (ya sabe)’, ‘shobrado (sobrado’, manifestó García.


En la década del 70, en Guayaquil se popularizó un tema denominado La gaita triqui moqui del compositor Eugenio Haddaty, en el que se narraban diversas situaciones cotidianas, pero con la jerga guayaca.


Una parte de la canción trata la conversación entre un policía y un sujeto que habría robado unos zapatos. “Resulta que yo salía de mi camello rumbo a mi jato con las harinas en el pozo de mi tolón, y cuando llegué a la tienda le dije a mi jermu: toma la guita y paga la tienda de la esnaqui”, refiere la primera estrofa de la canción.


Pero los guayaquileños también han acogido palabras del idioma inglés. Por ejemplo, el término ‘chuzos’, que se deriva de shoes (zapatos, en castellano). También ‘pana’, que sería una variación de ‘partner’ (compañero, en castellano), o ‘de una’, que vendría de la frase en inglés ‘at once’. También están los tradicionales ‘man’, al referirse a una persona, o ‘pipol’, variación de people (gente, en castellano).

“Las personas de estratos sociales altos utilizan palabras que generalmente son referidas al inglés. Por ejemplo ‘tripear’ (derivación) de ‘trip’ que significa viaje. Ese lenguaje viene de gente que ha viajado a Estados Unidos, o han trabajado en los puertos, barrios bajos, entonces hablan con un inglés mal aprendido”, dijo.

En sectores donde residen personas pudientes, se han adaptado palabras del inglés como brunch (comida entre el desayuno y almuerzo) o jet lag (cuando a un viajero lo afecta el cambio del huso horario).



Otros términos han salido desde las prisiones, según el libro El habla penitenciaria del cronista Justino Cornejo. Algunos de ellos son, por ejemplo, ‘tombos’, denominación que se le daba a los policías, o decirle ‘llave’ a un amigo, al hacer referencia que sería su ‘llave’ de salida del reclusorio.


Y así, cuando los guayaquileños no tienen dinero, están chiros, cuando tienen hambre, están con ‘la leona’; las novias son ‘peladas’, y los amigos ‘yuntas’. Hay otros que se quieren pasar de ‘aviones’, al aprovecharse de una situación.


El guayaco se caracteriza por ser ‘camellador’ y tener como llevar la ‘jama’ a ‘caleta’. (I)

 
 
 

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