MENSAJE PARA EL ASESINO DE EFRAÍN RUALES

¡Hola!... Conozco tu identidad, te llamas: Desamor, sufrimiento, crueldad, envidia y ambición insatisfecha. Soy el rostro de millones que te perseguirán todos los días de tu vida porque hiciste daño a un amado de Dios y soslayaste una vida que sólo a Él le pertenece. Me apena saber que como Judas huirás errante con el corazón acelerado; huirás del rostro de Efraín cada día de tu vida y preferirás dormir para no recordar lo que hiciste. Efraín descansa en los sagrados brazos de su Padre; nos robaste su carne, pero Dios salvó su espíritu.
No sólo has matado a un ecuatoriano, has robado un ideal para cada niño y joven que escuchaba a Efraín. Te robaste a ti mismo la oportunidad de crecer y aprender a ser mejor ser humano, porque la amistad con Efraín hubiera hecho de ti un hombre de éxito y no lo que hoy eres: Un Judas que huye con las manos manchadas de sangre inocente, sangre que le pertenece a Cristo. Unos ofrecen $50.000, otros $100.000 para saber de tu paradero, pero no hace falta buscarte porque junto a tu huida está el rostro de Dios recordándote el delito que cometiste. No es necesario buscarte porque cada vez que te mires a un espejo gritarás: “¡Aquí está! ¡Ya lo encontré al asesino de Efraín!” ¿Para qué encontrarte? Ya no hace falta.
Darías todo por cambiar tu lugar por aquel que hoy está mejor que tú; darías todo por tener la infinita paz que hoy tiene Efraín. Para nosotros que lo lloramos, el nombre más lindo es Efraín. Para ti ese nombre es el estruendoso estallido de un disparo en tus oídos porque lo que para nosotros es bello para ti es espantoso; lo que nos da paz a ti te da horror. El sonido de su nombre nos hace llorar y a ti gritar. No importa cuánto dinero él te pagó para mancharte con su sangre inocente. Ningún dinero del mundo te puede librar de esos ojos que te persiguen y se miran en ti cada vez que estés frente a un espejo, aquellos, los ojos de Efraín.
Escrito por: Cecilia Torres Feraud















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